PROVOCANDO LA ESCRITURA, por Jaime Arévalo

 

asemica

Con el permiso de Jaime Arévalo, amistad virtual en Facebook, les propongo este texto que me mandó en ocasión de un encendido debate del que fuimos testigos en un grupo literario perteneciente a la citada red social. Desde Colombia, esta interesante reflexión.

 

                    PROVOCANDO LA ESCRITURA

     Escribir sobre la escritura provoca infinidad de intempestivas reacciones en los lectores, así que esperamos las innumerables críticas y aportes. Escribir bien, no es otra cosa que provocar la lectura, la invitación a departir, al goce de un tinto hablado, degustado, y a las diabólicas necesidades de interpretar, de acotar, y opinar.

     La escritura interpreta la partitura mental, e imprime en la hoja, la personalidad, la idea, el pensamiento, es el retrato de quién escribe, es una carta de presentación para el lector, que a cada letra bien escrita se va embelesando, se va atando y de la mano llevándolo por todo el texto. Si no se logra escribir clara, concisa, precisa y bien, se rompe con el espíritu, se convierte en una blasfemia del pensamiento, donde el lector debe inmediatamente cortar con el enamoramiento del texto, separarse, hacer el duelo y dejarlo morir, en la soledad, en la angustia y el arrepentimiento del ensayista, y el olvido del artículo, y del escritor.

     Escribir es un aventurarse, es un reto para el pensar, del escritor y del lector, un acercamiento a la interpretación y a la crítica, ante esa odisea, el camino ha de ser desbrozado de dificultades, es la presentación de un pensamiento puro, simple, lleno de esperanza, de finura, de ponzoña y de ideología.

     El texto es escrito para que afecte al ser, con el ímpetu de un trasformador, con el ánimo de la adicción, por eso, se requiere del rigor en el uso del lenguaje, de los signos de puntuación, del estilo.

     De los signos de puntuación depende el significado de la oración, delimita la frase, el párrafo, la jerarquía de las proposiciones, compone la estructura misma del pensamiento, y con el manejo de ellos, se puede lograr el objetivo del escrito: la comunicación.

     En la conquista de las libertades, de la democracia, de la opinión pública, el papel de los escritores ha sido fundamental, esto se ha logrado con la adquisición de los conocimientos adquiridos por la humanidad, y trasmitidos por los escritores.

     Para terminar, y con el fin de elevar el nivel de los escritos, empezando por los títulos, diremos que las mayúsculas llevan tildes. Así lo ordena la Real Academia de la Lengua, que es el órgano que limpia, pule y da esplendor a la lengua.

LIVINGSTON JAIME ARÉVALO GALINDO Magister en Investigación Interdisciplinaria en Ciencias Sociales. Bogotá, D. C.

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