ESCRIBIR

Con ordenadores e impresoras laser, la tecnología vence a la imaginación la batalla cuya mayor víctima es el libro, y todo lo que contiene.

Con ordenadores e impresoras laser, la tecnología vence a la imaginación en la batalla cuya mayor víctima es el libro, y todo lo que contiene.

Cuando un escritor (lo somos todos desde el momento que cogemos un bolígrafo y escribimos la lista de la compra) busca ideas, siempre corremos el peligro de caer en una de esas dos trampas: una buena idea, sin saber de qué manera desarrollarla, o una mala idea, camuflada detrás de una invisible – pero espesa – cortina de poesía o recursos narrativos atrevidos, pero incomprensibles para el lector (sí, lector, a secas, sin ningún calificativo. Si tenemos la suerte de tener nuestro libro expuesto en una librería o biblioteca, al alcance de todo el mundo, el lector puede ser cualquiera, de cualquier condición social, edad, etnia, inteligencia o sabiduría).

No hay como leer cualquier libro, fuera el que fuese, durante años, o unos cuantos durante un par de meses, para darse cuenta de lo que acabo de decir (o escribir, según se vea, que para el caso es lo mismo!).

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